En mayo, un incendio voraz arrasó parte del asentamiento que se esconde junto a la Vía de Cintura, justo al lado del puente que conecta las barriadas del Rafal y Son Gotleu. Este lugar, casi invisible tras la vegetación, es accesible por un empinado terraplén o desde el parque de Ses Sorts, donde muchos residentes buscan un camino hacia una vida mejor.
Un deseo de renacer entre cenizas
Entre ellos está Mimon, un marroquí que con mirada decidida dice: “hemos limpiado y ahora queremos hacer huertos como antes”. Y así lo han hecho, a pesar de los vestigios del fuego que aún marcan el terreno. Han despejado el área entre la autovía y lo que queda del asentamiento. Un paso importante para mejorar su seguridad; alejarlos de la carretera siempre ha sido una prioridad.
Ahora, barracas de madera y algunas tiendas de campaña dibujan un nuevo paisaje donde alguna vez florecieron los huertos que les proporcionaban verduras para su autoconsumo. Aunque todo esto venía con un precio: tenían que tirar de la red de agua del parque, lo que llevó a los servicios municipales a intervenir. Al final, los árboles del parque se quedaban sin agua, algo que no podían permitir.
Aún así, el deseo de permanecer en este rincón sigue vivo. Entre cenizas y recuerdos de peligros pasados, las chabolas vuelven a levantarse cerca del puente. Aquí hay vida; una comunidad resiliente que quiere recuperar sus huertos y devolverles color al paisaje cerca de la Vía de Cintura. Y aunque la imagen ha cambiado después del incendio, queda claro: su lucha por seguir adelante no ha terminado.

