La Federació d’Associacions de Veïns de Palma ha alzado la voz junto a varias asociaciones locales para exigir la retirada de una sanción impuesta por el Ajuntament. Todo esto, por colgar carteles en la campaña ‘El ruido es tortura’. Una iniciativa que busca hacer visible un problema que muchos sienten en sus propias casas. ¿Es realmente necesario castigar el intento de visibilizar un sufrimiento?
Una respuesta desproporcionada
Las entidades vecinales no se han quedado calladas y han manifestado su descontento, sugiriendo que la respuesta del Ayuntamiento podría haber sido más comprensiva. En lugar de una multa, se podría haber optado por un simple aviso o darles información sobre cómo realizar esta actividad sin problemas. Pero claro, para algunos parece más fácil tirar a la basura las voces del pueblo que buscar soluciones.
Ayer, el alcalde defendió su decisión diciendo que “las asociaciones vecinales también tienen que cumplir las normas”, como si fueran menos ciudadanos por tratar de hacer escuchar sus demandas. Sin embargo, los vecinos apuntan a lo absurdo: hay artículos dentro de esa misma ordenanza que llevan años incumplidos sin ninguna intervención municipal. Ellos mismos citaron los artículos 23 y 25, donde se prohíbe dejar elementos de terrazas en la calle durante la noche. ¿Y qué pasa con las sombrillas ancladas desde julio en Fábrica de Santa Catalina? O esa imagen nocturna del Born repleto de mesas y sillas.
La frustración va en aumento; ya denunciaron esta situación en 2024 durante una reunión en la Mesa por la Convivencia. Pero después de dos encuentros con el alcalde, simplemente desapareció cualquier seguimiento. Un olvido que duele cuando lo único que se pide es justicia y igualdad ante las normas.
En definitiva, los vecinos exigen lo mismo para todos: cumplimiento efectivo y justo de las ordenanzas sin excepciones ni favoritismos. Es momento de que el derecho al descanso sea prioritario para quienes hacen vida en esta ciudad.

