Han pasado ya 29 años desde que ETA se llevó la vida de Miguel Ángel Blanco, aquel joven concejal del PP cuyo secuestro marcó un antes y un después en nuestra historia reciente. Este lunes, el Ajuntament de Palma ha querido recordar su legado con un emotivo acto institucional donde se ha leído un manifiesto en honor a él y a todas las víctimas del terrorismo. La ceremonia culminó con un minuto de silencio, un momento para reflexionar sobre lo que significó aquella pérdida.
Un recuerdo imborrable
La lectura del manifiesto fue llevada a cabo por figuras significativas como Conchita Gatell, presidenta de la Asociación de Mayores de Can Pastilla, y Montserrat Lejaún, madre de Diego Salva, guardia civil asesinado por ETA. Ellas recordaron cómo Miguel Ángel, con apenas 29 años, fue secuestrado el 10 de julio de 1997 mientras iba a trabajar en Ermua. ETA le daba solo 48 horas para vivir, usando su vida como una moneda de cambio para exigir al Estado el traslado de sus presos al País Vasco.
Se mencionaron también los nombres de los responsables del crimen: Francisco Javier García Gaztelu (Txapote), Irantzu Gallastegi y José Luis Geresta. «No vamos a olvidarlos», se dijo con firmeza, así como tampoco olvidar lo que ocurrió en aquellas calles que fueron testigos del dolor.
Pero no solo se recordó el sufrimiento; también se destacó la respuesta valiente del pueblo español. Cerca de dos millones y medio de personas salieron a manifestarse tras el asesinato, siendo Bilbao escenario de la mayor protesta contra ETA jamás vista: medio millón clamando «¡Sin pistolas no sois nada!». Esa movilización ciudadana generó lo que hoy conocemos como el Espíritu de Ermua, un legado vital que sigue interpelando a nuestra sociedad.
No podemos olvidar que durante más de medio siglo, ETA aterrorizó a quienes pensaban diferente. Muchos vivieron bajo la amenaza constante; revisando debajo de sus coches cada día por si había una bomba lapa esperando ser activada. En este contexto es inaceptable mirar hacia otro lado ante partidos como EH Bildu, considerados herederos políticos de quienes asesinaron a Miguel Ángel. Un partido que ni siquiera ha hecho autocrítica y continúa rindiendo homenajes a terroristas.
A finales del verano pasado se denunciaron hasta 135 homenajes a estos criminales en País Vasco y Navarra; una verdadera humillación para las víctimas del terrorismo que seguimos recordando hoy. En este sentido, es crucial transmitir esta historia a las nuevas generaciones para evitar caer en la desmemoria y hacer frente a cualquier intento por reescribirla.

