Este fin de semana, la playa de Can Pere Antoni volvió a convertirse en el escenario de una fiesta sin freno. Mientras la música retumbaba y las risas resonaban, los vecinos se enfrentaban una vez más a un mar de ruidos y molestias que ya parece interminable. A pesar de los esfuerzos del Ajuntament de Palma por poner orden, la realidad es que muchos se sienten completamente desamparados.
«Ya estamos hartos, no sabemos qué hacer», comenta un vecino que ha sido testigo directo de esta situación insostenible. Y es que cada vez que llaman a la Policía Local, les responden que el 90 % de las llamadas son por este motivo y les piden paciencia. Pero, ¿hasta cuándo? La frustración crece día a día, y parece que su paciencia se está agotando.
Un grito desesperado por soluciones
Días atrás, los residentes decidieron alzar la voz a través de Última Hora, esperando que su mensaje llegara lejos. Sin embargo, tras un primer fin de semana con nuevas propuestas por parte del ayuntamiento, todo quedó en nada. Desde la noche de Sant Joan, las fiestas han invadido los fines de semana como si fueran parte del paisaje habitual; incluso durante la semana también ha habido noches donde el ruido y el desmadre han ocupado espacios reservados para otras actividades en la playa.
A lo largo del tiempo, los relatos sobre actos incívicos se han multiplicado: desde defecaciones hasta prácticas sexuales al aire libre. Las calles y la playa quedan plagadas de residuos: vasos tirados, envases olvidados… Una imagen lamentable para quienes viven allí y desean algo más que festividades descontroladas.
No es sorprendente que muchos residentes estén considerando acudir al pleno del Ajuntament para expresar su enfado y exigir acciones concretas. Quieren ver mayor vigilancia policial, porque esto ya no puede seguir así. Los aplausos al ambiente festivo se están convirtiendo en llantos silenciosos por una comunidad cansada.

