En el último pleno del Ajuntament de Palma, los vecinos de Son Güells decidieron alzar la voz y contar su verdad. No hay que ser un genio para notar que la inseguridad en el barrio se ha convertido en una sombra que acecha cada rincón. Melissa Rodríguez, presidenta de la asociación vecinal, lo dejó claro: «La situación se ha ido agravando año tras año». Y es que, mientras ellos intentan vivir en paz, ven cómo su hogar se deteriora por la venta de drogas, robos y vertidos incontrolados.
Rodríguez no dudó en compartir una realidad inquietante: «Hay vecinos que pasean a sus perros armados con gas pimienta». ¿No es increíble? La gente tiene que salir a patrullar su propio barrio porque temen por su seguridad. Las zonas verdes, esas que deberían ser un lugar de disfrute para los niños, ahora son territorio inhóspito lleno de malos olores y peligros.
Un grito desesperado por atención
La portavoz no escatimó en críticas: «La situación ha empeorado y no hay policía de barrio ni la local se presenta». Viven rodeados de caravanas y el incivismo parece haberse instalado como si fuera parte del paisaje. Mientras tanto, algunos duermen en tiendas de campaña, recordándonos que también hay personas sin techo luchando por sobrevivir.
Rodríguez terminó su intervención con un mensaje contundente: «Son Güells también es Palma, no un polígono». Es hora de que las autoridades entiendan que este barrio merece atención y cariño. Junto a su reivindicación llegó una propuesta del PSOE pidiendo medidas urgentes para restaurar la seguridad en esta comunidad olvidada. Porque sí, todos merecemos vivir sin miedo.

