En la barriada palmesana de Son Güells, la vida ha dejado de ser tranquila. Imagina tener que salir a la calle con miedo, sabiendo que puedes encontrarte con un intento de atraco o incluso una agresión. Eso es lo que están viviendo los vecinos, quienes han decidido organizar patrullas ciudadanas para hacer frente a esta situación tan preocupante.
Las noches se han convertido en un terreno peligroso, donde los actos delictivos se concentran. Pero no solo por la noche; incluso durante el día hay quienes se atreven a amenazar a los residentes. Un vecino que participa activamente en las patrullas nos comparte su angustiante experiencia: “Mi hija de 14 años tiene que llevar un spray de pimienta para ir a coger el autobús, ¿esto es vivir tranquilo?”
Preocupación creciente entre los residentes
La historia continúa cuando este vecino menciona un personaje conocido como ‘El Pastelitos’, quien merodea por las calles y aparcamientos cercanos. Esta es solo una pequeña parte del problema. Otros vecinos añaden: “No puedes salir seguro ni a tirar la basura”. La violencia ha llegado al punto en el que un hombre fue agredido y le rompieron varios dientes mientras esperaba su paquete en una gasolinera.
A medida que estas historias emergen, también resalta el miedo por los menores. Los niños son abordados pidiendo dinero y muchos padres temen lo que pueda pasarles en su día a día. “Esperemos que no pase nada algún día, pero es para estar preocupados”, dice uno de los miembros activos de la Asociación de Vecinos.
Entre las sombras del barrio, jóvenes norteafricanos han sido avistados durante las rondas nocturnas. Mientras tanto, otro grave problema se cierne sobre ellos: los robos en vehículos son cada vez más comunes. Como expresa un vecino: “Hay días que te levantas y vas asustado a ver si te han roto un cristal”. Esa impotencia se siente al saber que varios coches han sido forzados y saqueados.
Y como si esto fuera poco, el consumo y venta de drogas agravan aún más la situación. Muchos testigos relatan ver gente consumiendo drogas abiertamente en plena calle: “Lo ven nuestros hijos y es desagradable…”, lamentan aquellos que enfrentan esta dura realidad diariamente.

