El pasado martes, en el corazón de Palma, se vivió una jornada que prometía ser breve pero que se alargó como un chicle. El alcalde Jaime Martínez, aunque a años luz del estilo de Fidel Castro, parecía decidido a dejar su huella en el tiempo de palabra. Entre lunes y martes acumuló más de cuatro horas y media hablando. Y mientras cerraba la jornada con un aire optimista, su primer comentario fue: «seré breve», lo cual generó un suspiro colectivo entre los asistentes que ya empezaban a sentir el cansancio.
Una sala llena de tensión y sorpresas
En medio del público, algo comenzó a agitarse. Miquel Àngel Contreras, concejal de Més, tomó la palabra y una voz desafiante desde las gradas gritó: «¡En castellano, que no nos enteramos!». La reacción del alcalde fue inmediata y furiosa; rápidamente logró silenciar a la asistente exaltada. A su lado, Javier Bonet, primer teniente de alcalde, compartía ese descontento ante semejante falta de respeto.
Pero esta atmósfera caldeada no fue la única sorpresa del día. Lucía Muñoz, representante de Podemos, aprovechó para denunciar la presencia de miembros ultra en Sa Feixina con sus tatuajes nazis bien visibles. Una señora mayor conocida por asistir a los plenos exclamó casi sin pensar: «¿Y qué?», como si eso ya no fuera motivo suficiente para escandalizarse.
Además, los representantes del sindicato CSIF mostraron su descontento con las condiciones laborales acordadas con la Policía Local al lucir camisetas verdes llamativas. También había quienes llevaban lemas sobre arboricidio junto a imágenes de plazas que habían perdido su encanto natural.
A medida que nos acercamos al periodo preelectoral, se siente un aire tenso en Palma; sin embargo, hay algo positivo: este será el último Debate del Estado de la Ciudad hasta 2028. Por fin podremos respirar tranquilos hasta entonces.

