En la barriada de Pere Garau, hay una historia que lleva 101 años latiendo con fuerza. Toni e Isidro Pons se posan con orgullo en la puerta del taller familiar, un lugar que ha sido testigo del paso del tiempo. En 1925, Antonio Pons Femenías dio inicio a esta aventura profesional sin imaginarse que su legado perduraría tanto. Hoy, su bisnieto continúa manteniendo vivo este negocio que es más que un taller; es un símbolo de la comunidad.
Ubicado en el número 42 de la calle Joan Mestre, cerca de la plaza central del barrio, el Taller Isidro Pons ha resistido los embates del tiempo. A medida que uno entra, se siente esa conexión con el pasado; aún quedan herramientas y recuerdos de aquellos inicios donde Antonio se dedicaba a ser tornero y herrero, fabricando piezas para los primeros coches que circulaban por lo que entonces era campo. Su hijo Isidro tomó las riendas luego, seguido por Toni, quien ahora ve cómo su propio hijo toma el relevo aportando su visión moderna al negocio.
Tradición familiar y adaptación al presente
Isidro Pons ha encontrado su camino en la mecánica eléctrica, llevando este legado familiar hacia nuevas fronteras. “Mantenemos clientes de toda la vida”, dice con una sonrisa, “pero también vienen de otros lugares porque somos uno de los pocos talleres especializados en cajas de cambios automáticas”. Sin duda, ese enfoque les ha permitido sobrevivir en un sector tan competitivo.
A pesar de las dificultades actuales como la falta de mano de obra o el constante aumento en los costos debido a factores globales como conflictos internacionales, estos profesionales no se rinden. “Echamos horas extra para sacar adelante cada trabajo”, comenta Toni desde su retiro mientras observa cómo su familia sigue adelante con ese espíritu incansable.
El Taller Isidro Pons no solo ofrece servicios mecánicos variados; es un lugar donde cada cliente es parte del tejido social del barrio. “Los vecinos nos conocen y hay una amistad genuina”, recuerda Toni mientras evoca sus días jugando por estas calles. Esos momentos han cambiado mucho con el tiempo: “El barrio ha evolucionado ante nuestros ojos”, reflexiona; pero a pesar de todo cambio inevitable, este taller sigue siendo un rincón lleno de historia y pasión.

