En la barriada del Rafal, un grupo de vecinos está viviendo una auténtica pesadilla. Imagina querer descansar y, de repente, los ladridos ensordecedores de un perro se cuelan en tus sueños. La situación ha llegado a tal punto que muchos han tenido que cambiar de habitación para intentar dormir. «Hay días que son las dos o las tres de la madrugada y ya no hay manera», comenta una de las afectadas con un tono que mezcla frustración y cansancio.
Un eco que se extiende por el barrio
Y es que el problema no es solo de unos pocos; incluso quienes viven a más de 200 metros del lugar han levantado la voz en señal de protesta. Lo curioso es que antes el ruido cesaba sobre las diez, pero ahora parece haber encontrado nuevas horas para atormentar a los habitantes del Rafal, extendiéndose hasta casi las tres de la mañana en algunas ocasiones. Es un verdadero caos para familias con niños pequeños y ancianos, quienes ven cómo su descanso se convierte en un lujo imposible.
Los vecinos piden ayuda urgentemente, tanto al dueño del perro como al Ajuntament de Palma. La paciencia está a punto de agotarse y este tema ha pasado a ser el pan nuestro de cada día entre los residentes. No quieren ver cómo esta situación se agrava aún más; el sueño perdido ya les pesa lo suficiente como para convertirlo en una conversación constante entre ellos.

