Este domingo, el CEIP Es Molinar, también conocido como Aurora Picornell, se ha convertido en un lienzo de descontento. Pintadas con mensajes contundentes han aparecido en sus muros, clamando por cambios urgentes en la dirección del centro. Frases como “Los mejores maestros se van de la escuela, ¿por qué?” y “Equipo directivo dimisión” resuenan con fuerza. No es un asunto menor; estas expresiones reflejan un profundo malestar que va más allá de una simple queja.
Un legado olvidado
A medida que nos adentramos en la historia del colegio, recordamos que este mismo lugar solía celebrar actividades tan significativas como la salida al busto de Aurora Picornell, un ícono del feminismo y el sindicalismo en Mallorca. Sin embargo, este año, esa tradición fue suspendida debido a una negativa por parte del Ajuntament para otorgar permisos. Y aquí estamos: una comunidad educadora dolida y frustrada por decisiones que parecen ignorar su legado.
Diversos docentes y familias han manifestado su indignación tras esta prohibición. La situación es tensa; hay quienes aseguran que el clima dentro del colegio no es nada positivo. Muchos docentes critican abiertamente tanto a la dirección como a la Conselleria d’Educació y las políticas impulsadas por PP y Vox. Todo esto ha llevado a una explosión de sentimientos: rabia e impotencia entre aquellos que creen firmemente en la educación inclusiva y rica en diversidad.
Mientras tanto, todo indica que el Ajuntament de Palma se prepara para limpiar las pintadas que adornan los muros del CEIP Es Molinar. Pero lo realmente importante aquí no es solo eliminar esas expresiones visibles de protesta; es entender el mensaje detrás de ellas y trabajar juntos para mejorar nuestro sistema educativo.

