La situación en Son Güells ha alcanzado un punto crítico que ya no se puede ignorar. Después de unos días de calma, gracias a las patrullas ciudadanas organizadas por los vecinos, el último fin de semana se ha convertido en una nueva pesadilla para quienes habitan esta barriada palmesana. Y es que lo que viven día a día roza lo intolerable.
Los robos han vuelto a ser el pan nuestro de cada día; vehículos particulares, incluso aquellos usados para trabajar, han sido blanco fácil para los ladrones. Esto ya no sorprende a los residentes, quienes decidieron salir a la calle y tomar las riendas de su seguridad. La sensación es clara: se sienten desprotegidos. Aunque las patrullas tuvieron un efecto disuasorio al principio, no hay suficientes manos para cubrir todas las horas necesarias.
Un ambiente cada vez más hostil
Aparte de los robos, hemos visto un aumento notable en la presencia de toxicómanos merodeando por las calles y una actividad sospechosa relacionada con la venta de drogas desde caravanas estacionadas en la zona. El cambio en el perfil de algunos habitantes está empujando a otros a marcharse y deteriora aún más este rincón que debería ser un hogar tranquilo.
Y como si esto fuera poco, el colmo llegó el pasado fin de semana: imágenes indignantes donde personas se orinan y defecan en plena calle. «Ya hacen sus necesidades en la puerta de nuestras casas», comentan entre resignación los vecinos afectados. Ellos son quienes soportan esta falta total de civismo mientras lamentan la escasa presencia policial.
Consciente del problema creciente, la Asociación de Vecinos tiene planes sobre la mesa. Están organizando reuniones con diversas instituciones, incluida una próxima cita con la Delegación del Gobierno en Baleares. La esperanza es encontrar soluciones reales que alivien un poco esta tensión palpable en Son Güells.

