En una rueda de prensa que dejó claro el descontento de muchos, Neus Truyol, portavoz de Més per Palma, hizo sonar la alarma este martes sobre lo que ella denomina la «transformación silenciosa» de nuestros queridos polígonos industriales. La historia que cuenta es preocupante: en lugar de albergar industrias y talleres, estos espacios se han llenado de gimnasios, restaurantes, oficinas y hasta centros religiosos. Actividades que deberían tener su lugar en los barrios, lejos del bullicio industrial.
La muerte lenta de nuestros polígonos
Truyol no se anda con rodeos. Afirma rotundamente que esta situación está provocando la expulsión del tejido industrial local, un hecho que afecta especialmente a pequeñas y medianas empresas. “No es solo una anécdota”, subraya con firmeza; “se está dejando morir a los polígonos”. Esta realidad podría empeorar con la próxima modificación del Plan General prevista para 2023. Una decisión aprobada en pleno con el apoyo del PP y presentada por Vox, que cambiará las reglas del juego. En palabras de Truyol: “Hasta ahora, el Plan General exigía que al menos el 55% de las actividades fueran industriales. Pero eso se va a liberalizar”.
Aquí es donde empieza a complicarse todo para aquellos herreros o carpinteros que dependen realmente de estar en un polígono industrial con precios asequibles para su actividad. “Con la llegada de estos nuevos negocios”, continúa Truyol, “los alquileres y compras se disparan”, haciendo imposible la competencia justa entre industrias y otros usos.
Así, mientras algunos ven oportunidades donde antes había espacios productivos, otros temen perder su sustento diario. Es momento de reflexionar sobre hacia dónde queremos llevar nuestros polígonos industriales: ¿hacia un futuro más diversificado o hacia un monocultivo turístico? Sin duda hay mucho en juego y todos deberíamos tener voz en esta conversación.

