En Cala Major, un lugar que debería ser sinónimo de sol y playa, el único aparcamiento público se ha transformado en un auténtico vertedero. La situación es alarmante. Un grupo de trabajadores de la zona no puede más y han alzado la voz ante el descontrol que reina en este espacio cercano a la costa. El asfalto ha dejado paso a tierra que parece olvidada, y los coches se cuelan cada vez más hacia áreas agrestes donde los límites del aparcamiento ya no existen.
La falta de vigilancia no solo favorece a quienes dejan su vehículo, sino también a quienes ven aquí una oportunidad para robar. «Tengo que dejar ahí mi coche ocho horas y siempre estoy con el miedo de si cuando vuelva me lo encontraré con los cristales rotos», comenta preocupado un empleado de un hotel, quien ha sido testigo de robos en repetidas ocasiones. La sensación es clara: por aquí parece que nadie se preocupa ni pasa la Policía ni el Ajuntament, aunque algunas vallas con su escudo intenten dar otra impresión.
Una imagen lamentable para turistas y vecinos
Las latas oxidadas que adornan el suelo llevan años allí, ¿y qué imagen da eso a los turistas? Muchos coches estacionados lucen distintivos de casas de alquiler, lo que hace aún más triste la realidad. Además, ante la desesperación por encontrar un sitio donde dejar el coche, algunos arriesgan entrar en terrenos desnivelados llenos de rocas y terminan atascados: «La gente se queda pegando con los bajos».
Aparcar en Cala Major durante el verano se convierte así en una lucha constante. «Estamos todos como buitres esperando a que se libere una plaza», cuentan entre risas nerviosas quienes viven esta experiencia día tras día. Los enfrentamientos por un hueco son frecuentes; ¡no hay tregua!
Y mientras tanto, desde Cort están paralizados ante una propuesta para expropiar terrenos destinados a crear un aparcamiento municipal. Ahora la empresa afectada sugiere ceder 14.653 metros cuadrados de bosque a cambio de construir un aparcamiento privado en otro lugar del barrio. Pero claro, esto implica también más viviendas en otros puntos del vecindario.
El clamor está servido: algo debe cambiar antes de que esta situación siga tirando todo por la borda.

