En un giro inesperado de los acontecimientos, una empleada del hogar de 52 años, originaria de República Dominicana, ha sido condenada a tres años y medio de cárcel por robar joyas en dos viviendas en Palma. La historia se remonta a entre marzo de 2021 y febrero de 2022, cuando esta mujer aprovechó su confianza con la familia para acceder a sus propiedades.
Los afectados son miembros de la misma familia, y lo más sorprendente es que en uno de los pisos ella no tenía permiso ni autorización para entrar. La mujer admitió haber cometido un robo con fuerza y un hurto continuado. Como resultado, además de la pena de prisión, tendrá que indemnizar a sus víctimas con 24.100 euros.
La suspensión y el desafío del arrepentimiento
A pesar del peso del delito, la jueza decidió suspender su condena durante cuatro años. Esto significa que no irá a prisión si no vuelve a delinquir y deberá abonar 500 euros mensuales durante 47 meses. Sin duda, esto representa una segunda oportunidad para ella, aunque también implica un compromiso serio por parte de la acusada.
Los hechos comenzaron cuando trabajaba como empleada en una planta baja. Aprovechando su acceso al hogar familiar, logró hacerse con las llaves del primer piso donde residía el hijo del matrimonio que le contrató. Durante meses, accedió al inmueble y robó decenas de joyas valoradas inicialmente en más de 65.000 euros. Es evidente que el abuso de confianza ha marcado esta trágica historia.
Aunque inicialmente la Fiscalía solicitaba ocho años tras las rejas para ella —teniendo en cuenta que no tenía antecedentes penales— al final se llegó a un acuerdo que llevó a una sentencia ‘in voce’ antes incluso del juicio. Es un recordatorio brutal sobre cómo la confianza puede convertirse en traición.

