MADRID, 31 de octubre – El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, ha salido al paso de las acusaciones asegurando que Estados Unidos no tuvo una participación directa en la salida del excandidato presidencial brasileño Flávio Bolsonaro. En una rueda de prensa, Rubio dejó claro que «no hemos estado involucrados en las gestiones para que Flávio Bolsonaro abandonara Brasil». Un mensaje contundente que busca despejar cualquier duda sobre el papel del gobierno estadounidense en este asunto.
Una decisión personal y un visado concedido
Además, Rubio subrayó que no facilitaron «en nada» la entrada de Bolsonaro a Estados Unidos. «Sabemos que llegó aquí porque ya tenía un visado concedido», comentó con cierta frustración. De hecho, aclaró que fue una decisión personal del presidente Donald Trump permitir su entrada al país. Sin embargo, lo más interesante es cómo se ha desarrollado toda esta situación: Bolsonaro y su familia pusieron pies en polvorosa hacia Estados Unidos el pasado 28 de octubre, justo tres días después de ser derrotado por Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales.
Aparentemente, tienen permiso para permanecer un año en suelo americano bajo un esquema conocido como Discretionary Parole, que se concede tras una evaluación caso por caso realizada por el Departamento de Seguridad Interior. Pero lo que realmente llama la atención son los rumores sobre su fuga: según CNN Brasil, el exmandatario habría cruzado a Argentina el 27 de octubre con la ayuda incluso de un antiguo agente del Mossad israelí y bajo el amparo de los gobiernos argentino y estadounidense. Luego volaron a Miami en un avión privado supuestamente gestionado por Jason Miller, un asesor cercano a Trump. La historia está lejos de ser sencilla y plantea muchas preguntas sobre las alianzas internacionales y las decisiones individuales.

