El primer ministro polaco, Donald Tusk, ha decidido salir a dar la cara y defender su intervención en el Tribunal Constitucional. Lo hizo este sábado, argumentando que era una medida necesaria para frenar lo que él considera la «destrucción del estado de derecho» orquestada por el partido Ley y Justicia (PiS) y, cómo no, por unos «bots rusos» que parecen haber tomado cartas en el asunto.
En un mensaje a la nación lleno de pasión y determinación, Tusk no se anduvo con rodeos: «El ataque contra el tribunal y sus jueces es otro paso más en este oscuro camino hacia la aniquilación de nuestras instituciones democráticas», afirmó. La situación ha llegado a un punto crítico; después de semanas de espera, los jueces elegidos legalmente por el Parlamento decidieron asumir sus funciones aunque no juramentados ante un presidente que se niega a aceptar su autoridad. Y claro, eso desató una tormenta.
Tensión en las calles
La intervención policial fue tensa pero firme frente a las agresiones que comenzaron a fluir desde las calles hasta el propio tribunal. Con manifestantes clamando afuera, Tusk advirtió: «Un estado democrático debe ser fuerte y capaz de aplicar justicia». Es fácil ver cómo esta situación se torna peligrosa cuando un político decide entrar en un tribunal para dar órdenes o intimidar a jueces; eso no debería ser parte del juego.
Tusk hizo hincapié en que aquí no estamos hablando de cualquier cosa: “En un estado de derecho una jueza, incluso si es pequeña o frágil, tiene derecho a no someterse al abuso”. El ex primer ministro dejó claro que nadie puede actuar como si estuviera en la ley de la jungla; eso es justo lo que se intenta combatir aquí.
Pero no solo se queda ahí. En su discurso cargado de crítica e indignación, también mencionó cómo hay organizaciones dentro de Polonia apoyadas por fuerzas prorrusas que buscan destruir nuestra democracia. Según él, esto no es casualidad; tienen todo un ejército digital detrás tratando de desestabilizar aún más la situación. No podemos permitirlo.
Aunque reconoció los problemas actuales con el tribunal y los nuevos nombramientos bloqueados por Nawrocki—que solo aceptó tomar juramento a dos—Tusk mostró esperanza: «Polonia es fuerte y está decidida. No hemos muerto ni vamos a hacerlo», concluyó con firmeza.

