MADRID, 17 de octubre – El mar vuelve a ser testigo de una tragedia en el estrecho de Ormuz, donde este sábado dos superpetroleros han quedado envueltos en llamas tras impactar contra minas navales. Así lo ha comunicado la Guardia Revolucionaria iraní, que no ha dudado en calificar estos incidentes como intentos «ilegales» por parte de las embarcaciones. En su declaración, mencionaron que uno de los buques estalló esta mañana, justo después de haber desactivado todos sus sistemas para cruzar sin autorización.
Pero esto no es todo; según el relato del gobierno iraní, la primera explosión ocurrió también bajo circunstancias similares. Ambos superpetroleros, cargados con más de dos millones de barriles de crudo cada uno, decidieron hacer caso omiso a las normas y navegar por rutas no permitidas. La consecuencia fue devastadora: enormes explosiones que dejaron a estos gigantes del mar paralizados y ardiendo.
Un recordatorio sobre las reglas del juego
La Guardia Revolucionaria no escatimó en advertencias. Aseguran que cualquier intento de violar las regulaciones iraníes tendrá consecuencias drásticas. “El estrecho está cerrado”, repiten con firmeza, dejando claro que el fuego podría ser la respuesta para quienes desafían al ejército estadounidense al apoyar estas operaciones ilegales.
Mientras tanto, la Agencia británica de comercio marítimo (UKMTO) se mantiene al margen sobre estos ataques específicos pero informa sobre otros incidentes armados en la región, subrayando la tensión creciente. Y es que Irán ha tomado medidas restrictivas en el paso por Ormuz como respuesta a los ataques aéreos estadounidenses e israelíes sobre su territorio.
Los efectos son palpables: los precios del petróleo se disparan debido a esta vital ruta para la exportación desde Oriente Próximo. Y así sigue esta historia llena de peligros y decisiones arriesgadas en un contexto geopolítico tenso donde cada movimiento puede tener repercusiones globales.

