BRUSELAS, 15 de octubre. En una jornada que prometía ser más que una simple reunión, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, se sentó este jueves junto al primer ministro búlgaro, Rumen Radev, y el presidente rumano, Nicusor Dan. ¿El motivo? La creciente preocupación por los ataques con drones en el mar Negro que han puesto en jaque a buques comerciales y a la seguridad de la región.
«Hemos tenido una buena reunión», compartió Rutte a través de sus redes sociales, dejando claro que la colaboración entre Bulgaria y Rumanía es crucial en estos momentos inciertos. La OTAN está tomando cartas en el asunto; ha aumentado su vigilancia en la zona tras un pedido específico de Sofía. «Estamos reforzando nuestro despliegue en el flanco oriental», subrayó, refiriéndose también al incremento de las capacidades antidrones.
Colaboración estratégica ante un panorama incierto
La reunión tuvo lugar justo antes del Consejo Europeo y no fue casualidad. Apenas unos instantes después, los líderes búlgaro y rumano se reunieron bilateralmente para discutir estrategias conjuntas. Aunque no se han hecho públicas las conversaciones detalladas, un tema candente fue planteado por el ministro de Defensa rumano, Radu Miruta, quien sugirió establecer un comando militar conjunto entre los países ribereños del mar Negro: Rumanía, Bulgaria y Turquía. Todo esto surge ante incidentes alarmantes como drones hostiles, hundimientos de barcos y minas navales que han generado inquietud entre las naciones aliadas.
A pesar de los rumores sobre esta nueva estructura de mando, la OTAN ha optado por mantener cierta cautela: solo mencionaron que están siguiendo la situación muy de cerca. Lo cierto es que hay mucho en juego aquí; Europa enfrenta desafíos complejos en su flanco oriental y cada movimiento cuenta.

