El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha alzado la voz este martes frente a la escalada de ataques del Ejército israelí en Líbano. Estos ataques han dejado tras de sí un rastro doloroso, con decenas de víctimas civiles que no hacen más que aumentar la angustia entre la población. La preocupación del diplomático portugués es palpable, sobre todo por lo ocurrido en Nabatiyé, donde más de diez vidas se perdieron el lunes, incluyendo las de dos menores. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que esto suceda?
Un grito desesperado por la paz
En palabras de su portavoz Stéphane Dujarric, Guterres condena rotundamente el creciente número de víctimas inocentes y destaca que los bombardeos israelíes están intensificándose. La angustia no solo se siente en los cuerpos heridos; las órdenes continuas de evacuación y las imágenes desgarradoras de destrucción son un recordatorio constante del sufrimiento. El secretario general también expresó su alarmante preocupación por los ataques dirigidos contra hospitales y personal sanitario: ya son al menos 135 paramédicos libaneses quienes han perdido la vida desde marzo. Es inaceptable.
A Guterres le urge pedir un alto al fuego inmediato y exige al gobierno de Benjamin Netanyahu que retire sus fuerzas desplegadas en el país vecino. Las cifras son escalofriantes: desde el comienzo de esta ofensiva, se reportan 4.381 muertos y más de 12.400 heridos en Líbano, una tragedia humana que no cesa ni siquiera bajo un alto el fuego supuestamente establecido.
A pesar del acuerdo alcanzado entre Líbano e Israel con la mediación estadounidense para restablecer una paz duradera, parece que los compromisos se desvanecen ante la realidad del conflicto. Mientras Hezbolá continúa rechazando cualquier intento de desarme y Israel justifica sus acciones con razones cuestionables, nos queda preguntarnos: ¿cuánto más debemos soportar? Los civiles deben ser protegidos; esa es una obligación según el Derecho Internacional.

