En una noche que parecía tranquila, Níger despertó con el estruendo de los disparos. La junta militar ha confirmado lo que muchos ya temían: un intento de golpe de Estado está en marcha. El ministro de Defensa, Salifou Mody, no ha dudado en señalar a un grupo de «insurrectos» como responsables del secuestro de varios militares en la Base 101, la principal fortaleza militar ubicada en la capital, Niamey.
Confusión y tensión en las calles
A medida que se desarrollaban los acontecimientos, los enfrentamientos se hicieron eco por toda la ciudad. Testigos afirman haber escuchado disparos cerca del aeropuerto internacional y en el barrio de Plateau, donde residen las instituciones más importantes del país. Allí mismo se ubica el cuartel general de mercenarios rusos y fuerzas internacionales. ¿Y el líder nigerino? El general golpista Abdourahamane Tchiani parece haberse esfumado entre esta vorágine de violencia.
La situación es tensa; Mody ha asegurado que las fuerzas de defensa están haciendo todo lo posible para contener el movimiento rebelde. Mientras tanto, a través del canal estatal Télé Sahel, se pide a la población mantener la calma y continuar con sus actividades diarias como si nada estuviera ocurriendo. Sin embargo, ¿quién puede estar tranquilo cuando su seguridad está en juego?
Níger no solo enfrenta este nuevo reto interno; también lidia con constantes ataques del Estado Islámico y otros grupos extremistas que han puesto al país al borde del abismo. En medio de esta tormenta política y social, más de 260 municipios han convocado manifestaciones para mostrar apoyo al gobierno establecido.
La comunidad internacional observa expectante cómo se desarrolla esta historia dramática. Con alianzas tambaleándose entre Rusia y Francia, Níger podría ser testigo de cambios profundos que podrían reconfigurar todo el Sahel.

