El 14 de agosto, la ciudad portuaria de Moca, situada en el suroeste de Yemen, se convirtió en escenario de una nueva tragedia. Al menos cuatro personas han perdido la vida a causa de un ataque brutal llevado a cabo por los rebeldes hutíes. Este asalto no es solo otro episodio más; forma parte del creciente clima de violencia entre la insurgencia y el Gobierno yemení reconocido internacionalmente.
Fuentes militares que han hablado con la agencia Sabanew, cercana al Consejo de Liderazgo Presidencial, confirman que todas las víctimas son civiles. Y no se trata de un hecho aislado: seis misiles fueron lanzados contra áreas residenciales en Moca, una acción que ha dejado huellas profundas en la comunidad.
La guerra continúa sin piedad
En medio del caos, el coronel Majid Abdulá al Nuzaily, portavoz del Ejército de Yemen, ha declarado que sus tropas están llevando a cabo “operaciones efectivas” contra los hutíes. Según él, estas acciones buscan golpear duro a la milicia terrorista y minimizar su capacidad operativa. Sin embargo, mientras ellos afirman infligir importantes pérdidas a los hutíes, estos últimos no se quedan atrás.
Yayha Sari, portavoz militar de los hutíes, ha publicado en redes sociales que sus ataques han sido “exitosos”, dirigiendo misiles hacia lo que describe como concentraciones saudíes. Asegura que sus acciones resultaron en daños significativos para las fuerzas aliadas y mercenarias del Gobierno yemení. ¿Hasta cuándo continuarán estos enfrentamientos? La respuesta sigue siendo incierta mientras las autoridades saudíes guardan silencio sobre estas acusaciones.

