En medio de un clima electoral cargado de tensión, el presidente estadounidense Donald Trump se ha lanzado a la piscina con una promesa que podría cambiar las reglas del juego. Junto al secretario de Comercio, Howard Lutnick, ha desvelado que Corea del Sur invertirá hasta 200.000 millones de dólares, lo que equivale a unos 176.000 millones de euros, en tres ambiciosos proyectos de infraestructura energética en suelo americano.
Un despliegue energético sin precedentes
El corazón de esta jugada maestra son ocho nuevas centrales nucleares que se distribuirán por varios estados como Ohio y Kentucky, además de una planta generadora por gas natural en Texas y el esperado gasoducto de GNL desde Alaska. ¿La razón detrás? Fortalecer el dominio energético estadounidense mientras se hace frente a la competencia global. Como bien dijo Lutnick durante el evento en el Despacho Oval: «Corea va a invertir su dinero soberano en infraestructura energética americana».
Este movimiento no es solo una cuestión económica; también tiene tintes políticos. Trump aprovecha esta inversión para dar un empujón al senador republicano Dan Sullivan, quien busca retener su asiento en Alaska ante un rival demócrata muy competitivo. No hay duda: cada dólar cuenta y aquí se juega más que solo energía.
¿Y qué hay del impacto directo? Se estima que estos proyectos generarán miles de empleos directos durante su construcción y ayudarán a reducir los costes energéticos para los hogares locales. En definitiva, no solo estamos hablando de números; estamos hablando del futuro energético y económico del país.

