El pasado jueves, en un movimiento que ha generado opiniones encontradas, el Gobierno argentino anunció su adhesión al Consenso de Ginebra, una declaración que aboga por la promoción de la salud de la mujer y refuerza la familia en contra del aborto. Esta iniciativa no está sola; cuenta con el respaldo de países como Estados Unidos, Brasil y Egipto, entre otros, y ya suma más de 30 naciones desde su creación en 2020.
Un paso hacia atrás o hacia adelante
Pablo Quirno, el ministro de Exteriores argentino, no ha escatimado palabras al expresar que esta coalición les permitirá demostrar liderazgo y capacidad diplomática. En sus propias palabras: “Nos incorporamos para aportar a una agenda basada en la dignidad humana”. Pero aquí viene lo controvertido: ¿es realmente un avance defender estos valores cuando Argentina tiene una ley que permite el aborto hasta las 14 semanas? Muchos se preguntan si esta decisión es un retroceso para los derechos adquiridos tras años de lucha.
Esta nueva postura del gobierno ultraderechista liderado por Javier Milei reafirma su compromiso con lo que consideran “vida, libertad y propiedad privada”. Pero hay quienes opinan que este tipo de acuerdos solo sirven para tirar a la basura los logros conseguidos por el movimiento feminista en el país. Uno de los puntos clave del consenso deja claro que “en ningún caso debe promoverse el aborto como método de planificación familiar”, algo que levanta ampollas entre quienes defienden el derecho a decidir.
Desde Estados Unidos, Peter Lamelas, embajador estadounidense en Argentina, celebró este paso como un gran logro e hizo un llamado a más naciones para sumarse a esta causa. Sin embargo, muchos recordarán cómo han luchado durante años por despenalizarlo y proteger sus derechos reproductivos. Ahora queda ver cómo se desarrolla esta situación y qué impacto tendrá sobre las mujeres argentinas.

