En un giro inesperado de los acontecimientos, Donald Trump ha puesto sus ojos en el Reino Unido y en su potencial petrolero. Este pasado domingo, el presidente estadounidense no dudó en alabar la llegada de Andy Burnham como primer ministro, sugiriendo que es hora de abrir las compuertas a la explotación del petróleo del mar del Norte. Según Trump, esto podría transformar al país en uno de los más ricos del planeta. Sin embargo, su visión no ha estado exenta de críticas.
Críticas a los molinos eólicos y una promesa incierta
Desde sus redes sociales, Trump hizo referencia a los “feísimos” molinos eólicos que adornan las aguas escocesas cerca de Aberdeen. “La gente está celebrando porque Burnham va a liberar el incalculable petróleo que hay ahí”, afirmó con fervor. Pero lo cierto es que esta propuesta choca con la realidad política actual. A pesar de su aparente apertura hacia la explotación petrolera, Burnham ha mantenido firme su compromiso electoral, donde se descartaba conceder nuevas licencias para ello.
No obstante, desde el Partido Laborista subrayan que esta explotación no solo podría no reducir los precios de combustible para los británicos, sino también complicar la lucha contra el cambio climático. La presión sobre Burnham crece mientras los verdes insisten en respetar los compromisos adquiridos durante la campaña.
Aunque la historia del petróleo en el mar del Norte data desde 1965 y transformó a Aberdeen en un centro neurálgico europeo con medio millón de empleos generados, es innegable que tras desastres como Piper Alpha se han revaluado muchas cuestiones relacionadas con este recurso natural.
Así que nos encontramos ante un dilema: ¿será capaz Burnham de equilibrar las demandas económicas frente a las necesidades ambientales? Mientras tanto, Trump continúa lanzando su mensaje optimista desde lejos, dejando claro que ve un gran potencial esperando ser explotado.

