En la tarde de este lunes, los restos del ayatolá Alí Jamenei han aterrizado en Qom, tras tres intensos días de homenajes en Teherán. La ciudad se ha vestido de luto para recibir al líder supremo iraní que dejó su huella en la historia. La televisión pública, IRIB, no ha escatimado en mostrar las imágenes del helicóptero que transportaba el féretro, marcando el inicio de una larga despedida.
Un recorrido por el dolor y la memoria
Pero esto no termina aquí. Tras un día en Qom, el cuerpo será trasladado a Irak, donde recorrerá las ciudades sagradas de Nayaf y Kerbala, siempre bajo estrictas medidas de seguridad. El presidente iraní, Masud Pezeshkian, también estará presente para rendir homenaje. En Nayaf habrá una procesión de seis kilómetros y otra en Kerbala de 5.8 kilómetros; un viaje que es tanto físico como emocional.
Los actos funerarios comenzaron el pasado viernes y culminarán este jueves en Mashhad, donde finalmente descansará junto al santuario del Imán Reza, cumpliendo así la última voluntad del dirigente fallecido el 28 de febrero en un ataque israelí durante las tensiones recientes entre Estados Unidos e Irán. Las calles han estado repletas de personas golpeándose el pecho con lágrimas en los ojos mientras gritaban pidiendo justicia por la sangre derramada.
Las banderas ondeando y los retratos del líder difunto adornan cada rincón. Junto al ataúd se encuentran los cuerpos de sus familiares perdidos en ese mismo ataque: Sayedé Boshra Hoseini Jamenei, Mesbá al Hoda Baqeri, Zahra Hadad Adel y Zahra Mohamadi Golpayegani. Un recuerdo desgarrador que pone rostro al dolor colectivo.

