En un giro que pocos esperaban, el Tribunal Supremo de Brasil ha decidido este martes dar un golpe sobre la mesa al condenar a Eduardo Bolsonaro, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro, a más de cuatro años de cárcel. ¿El motivo? Coacción a la justicia en medio del tumultuoso proceso judicial que enfrenta su padre por un intento de golpe de Estado. Este escándalo no solo deja a Eduardo con una condena de cuatro años y dos meses en régimen de semilibertad, sino que además le inhabilita para ejercer cualquier cargo público durante los próximos ocho años.
La decisión fue tomada por unanimidad entre los cuatro jueces, quienes no han dudado en dejar claro que el exdiputado ha intentado manipular a los jueces desde Estados Unidos. Según informa el diario ‘O Globo’, sus acciones incluían desde tratar de imponer sanciones económicas contra Brasil hasta orquestar aranceles para perjudicar las exportaciones brasileñas. En palabras del magistrado Alexandre de Moraes, «la función de un diputado no es hacer lobby contra su propio país». Esto nos lleva a preguntarnos: ¿hasta dónde se puede llegar por proteger intereses personales?
Y como si esto fuera poco, Eduardo ha sido destituido también de su puesto en la Policía Federal tras ausentarse injustificadamente, dejando claro que su prioridad parecía estar más en defender a su padre que en cumplir con sus responsabilidades. Desde febrero había estado en Estados Unidos tratando de interceder por él.

