El pasado domingo, el sur de Líbano se convirtió en escenario de una nueva tragedia. En la localidad de Arab Salim, al menos dos personas han perdido la vida, incluyendo a un sanitario que intentaba ayudar a su comunidad. Además, diez más resultaron heridos, la mayoría también del personal médico. Esta información nos llega del Ministerio de Sanidad libanés, que no puede ocultar su indignación ante lo que ellos llaman ‘sucesivos ataques’ del Ejército israelí.
Según un comunicado del Centro de Operaciones de Emergencia, estos bombardeos han dejado una huella profunda en la población. “El enemigo israelí ha atacado sin piedad”, afirman desde el Ministerio, resaltando cómo el sufrimiento continúa pese a un alto el fuego que parece no tener efecto real. Lo más doloroso es que entre los heridos hay seis profesionales de la salud, quienes arriesgan sus vidas día tras día para salvar a otros.
Un ciclo de violencia sin fin
Aún recordamos aquel acuerdo de alto el fuego alcanzado a mediados de abril, que fue extendido en dos ocasiones, pero ahora queda claro que eso no ha hecho más que aumentar las estadísticas horribles: más de 3.100 muertos y más de 9.400 heridos desde entonces. ¿Hasta cuándo seguiremos viendo cómo se ignoran las vidas humanas?
Los habitantes del sur de Líbano viven con miedo constante, y cada nuevo ataque solo alimenta una espiral de horror. La comunidad internacional debe mirar hacia aquí y hacer algo; ya es hora de poner fin a esta locura.

