MADRID, 24 Abr. – La noticia ha caído como un jarro de agua fría. La Fuerza Interina de Naciones Unidas para Líbano (FINUL) ha confirmado este viernes el fallecimiento de Rico Pramudia, un valiente ‘casco azul’ indonesio que resultó gravemente herido en un ataque brutal a finales de marzo. Este trágico incidente tuvo lugar en Adchit al Qusair, en el sur del Líbano, donde ya se había perdido otra vida en el mismo contexto.
Un acto condenable
La misión de paz nos recuerda que este joven militar quedó “herido en estado crítico” después de la explosión de un proyectil que arrasó su base en la noche del 29 de marzo. Desde la FINUL no han escatimado en palabras para transmitir su dolor y solidaridad: “Ofrecemos nuestras más profundas condolencias a la familia y amigos de Pramudia, así como al Ejército, el Gobierno y al pueblo de Indonesia por esta pérdida trágica e irreparable”, han expresado con evidente pesar.
No podemos quedarnos callados ante esto; los ataques deliberados contra las fuerzas de paz son una violación inaceptable del Derecho Internacional Humanitario. Y es que los hechos hablan por sí mismos: desde que comenzó la ofensiva israelí el 2 de marzo contra posiciones atribuidas a Hezbolá, las bajas han ido aumentando. Este ciclo violento debe parar, porque cada vida cuenta y cada pérdida deja una huella imborrable.

