MADRID, 24 Abr. – La tensión entre China y Estados Unidos se vuelve a poner en la mesa, y esta vez ha sido el presidente Donald Trump quien ha lanzado una acusación que ha hecho saltar las alarmas. Este viernes, el Gobierno chino no se ha quedado callado ante las palabras de Trump, quien insinuó que uno de los buques interceptados recientemente por las fuerzas estadounidenses en el estrecho de Ormuz era un «regalo» del país asiático a Irán.
La respuesta contundente de Pekín
Guo Jiakun, portavoz del Ministerio de Exteriores chino, dejó claro que tales afirmaciones son completamente infundadas. “Rechazamos cualquier acusación o implicación que carezca de base fáctica”, aseguró, haciendo hincapié en que el comercio internacional debería fluir sin obstáculos ni malentendidos. Esta respuesta llegó en un contexto donde Trump había anunciado la extensión del alto el fuego temporal con Irán, tras la mediación de Pakistán.
Parece que estos conflictos no cesan, mientras cada parte intenta marcar su territorio y demostrar quién tiene la razón. En medio de este juego diplomático, lo cierto es que los comentarios incendiarios sólo complican más una situación ya tensa. Y nosotros nos preguntamos: ¿qué pasará ahora con las relaciones entre estas potencias? Las repercusiones están aún por verse.

