En un giro inesperado de los acontecimientos, las autoridades turcas han decidido actuar con mano dura. Más de 80 personas están en la mira por haber publicado mensajes en redes sociales que, según el gobierno, «aplauden a criminales» y «ponen en peligro el orden público». Todo esto ocurre después de dos ataques devastadores en escuelas del sur del país que han dejado una estela de dolor y preocupación.
Un Parlamento preocupado
Las cifras son alarmantes: 83 arrestos ya están siendo tramitados. La Policía no ha dudado en bloquear el acceso a 940 cuentas en redes sociales y cerrar 93 grupos de Telegram. Es como si quisiéramos silenciar cualquier voz que se atreva a manifestar apoyo a estos actos atroces. “Estamos llevando a cabo procesos legales exhaustivos”, afirmaba la Policía, aunque no se ofrecieron más detalles sobre cómo se llevará a cabo este proceso.
Y mientras tanto, el Parlamento turco se plantea la creación de un comité para investigar lo sucedido. No es para menos; tras un tiroteo que dejó nueve muertos en Kahramanmaras y otro ataque menos grave pero igualmente trágico en Sanliurfa, la tensión está por las nubes. El atacante de Kahramanmaras era un estudiante de octavo grado, lo que añade una capa más de tristeza e incredulidad a esta historia. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

