MADRID, 31 de mayo. (EUROPA PRESS) – Este domingo, el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) ha confirmado lo que muchos temían: se han detectado daños en el exterior de un edificio de turbinas en la central nuclear de Zaporiyia, controlada por Rusia pero ubicada en suelo ucraniano. Todo apunta a que el impacto se debe a un ataque con dron. Según el comunicado del OIEA, las observaciones realizadas concuerdan con las huellas dejadas por un dron.
Las primeras informaciones provenían del propio personal de la central, quienes reportaron el ataque ucraniano. Y así fue como los técnicos encontraron una trampilla metálica dañada y escombros que indicaban lo sucedido. Pero lo más inquietante es cómo lograron acceder al lugar: tuvieron que refugiarse debido a disparos y ruidos de drones sobrevolando la zona. Aun así, lograron medir los niveles de radiación y aseguraron que todo seguía en calma.
Nuevos ataques aumentan la tensión
No obstante, este mismo día las autoridades de la central denunciaron otro ataque, esta vez contra su centro logístico, donde ocho vehículos utilizados por el personal fueron destruidos. Afortunadamente, no hubo heridos entre los trabajadores. Las declaraciones desde la central son claras: «seis autobuses y dos furgonetas GAZelle han quedado reducidos a chatarra».
Las autoridades rusas están sonando la alarma sobre estos ataques, advirtiendo que ponen en riesgo no solo el funcionamiento normal de la planta sino también la seguridad del personal. Y mientras tanto, afirman que todo sigue funcionando como siempre; «la seguridad operativa está garantizada», repiten con insistencia.
Rafael Grossi, máximo responsable del OIEA, ha lanzado una advertencia seria: este incidente amenaza los siete «pilares indispensables» para garantizar la seguridad nuclear durante el conflicto. No podemos olvidar sus palabras: «Atacar instalaciones nucleares es jugar con fuego». Ha dejado claro que se necesita acceso inmediato para examinar el edificio dañado.
A medida que avanza este conflicto tenso y peligroso, cada incidente nos recuerda cuán frágil es nuestra seguridad y cómo cualquier chispa puede encender un gran incendio.

