MADRID, 31 de mayo. El clima político en Hungría se está volviendo tenso. El primer ministro, Péter Magyar, ha dejado claro que no tiene intención de esperar más: le ha dado a Tamás Sulyok, el presidente del país, hasta la medianoche de este domingo para que renuncie a su cargo. En un mensaje directo y sin rodeos publicado en sus redes sociales, Magyar no ha escatimado palabras: «La fecha límite para la dimisión es hoy. Mañana por la mañana iré con el ministro de Justicia a reunirme con él».
Un juego peligroso en la política húngara
Las elecciones del 12 de abril fueron una victoria aplastante para Magyar, quien ahora exige que Sulyok, aliado del antiguo primer ministro Viktor Orbán, abandone su puesto. La situación se complica aún más tras el anuncio del presidente, quien el viernes solicitó a la Comisión de Venecia, un organismo crucial en temas constitucionales de Europa, que evalúe las tensiones actuales y busque soluciones dentro del marco legal vigente.
Sulyok no se ha quedado callado ante estas presiones y ha criticado abiertamente que Magyar exprese sus temores sobre posibles vetos en procesos legislativos esenciales para desbloquear fondos europeos. Es especialmente preocupante considerando las amenazas del primer ministro de destituirlo mediante modificaciones constitucionales, aprovechando la mayoría que su partido Tisza tiene en el Parlamento.
Este tira y afloja entre ambos líderes revela las fracturas profundas en el sistema político húngaro y deja a todos preguntándose: ¿qué pasará si Sulyok decide plantarse? Con cada hora que pasa, la incertidumbre crece y los ciudadanos están cada vez más atentos a cómo se desarrollarán los acontecimientos.

