MADRID, 16 Abr. – La noche del miércoles se tiñó de dolor en el sur de Líbano tras una serie de bombardeos israelíes que han dejado al menos diez muertos, entre los cuales hay dos menores. Esta escalada forma parte de la ofensiva lanzada por el primer ministro Benjamin Netanyahu contra Hezbolá, un conflicto que ya ha cobrado más de 2.150 vidas en el país vecino.
Los ataques han sido confirmados por el centro de operaciones de emergencias sanitarias del Ministerio de Salud Pública, quienes han emitido comunicados a través de la agencia estatal NNA detallando las atrocidades que están ocurriendo. Las ciudades afectadas incluyen la costera Tiro y distritos como Sidón y Nabatiye. En Sidón, un ataque en la localidad de Ansariye ha dejado cinco víctimas mortales, incluyendo a esos dos pequeños inocentes; además, otros cinco han resultado heridos. Y en Nabatiye, otro bombardeo ha acabado con la vida de cuatro personas más, entre ellas dos mujeres.
Una situación insostenible
Las autoridades libanesas también han informado sobre un tercer ataque dirigido a una motocicleta en Tiro, donde perdió la vida un joven palestino. Es desgarrador pensar que estos bombardeos no cesan ni siquiera bajo un supuesto alto el fuego mediado por Estados Unidos e Irán; algo que tanto Washington como Israel desmienten rotundamente.
La cifra total desde el inicio de esta ofensiva es escalofriante: al menos 2.167 muertos y más de 7.000 heridos, incluidos 172 menores entre los fallecidos y 656 heridos. Mientras tanto, Netanyahu anunció que su Ejército está “a punto” de tomar Bint Jbeil, una localidad apenas a tres kilómetros de la frontera con Israel.
No podemos ignorar lo que está sucediendo allí; son vidas humanas destruidas sin compasión alguna y cada número representa una historia rota. Como comunidad global, debemos cuestionarnos hasta cuándo vamos a permitir que esta violencia continúe sin respuesta efectiva.

