En Berlín, el 15 de abril, Friedrich Merz, el canciller alemán, tomó la palabra y dejó claro que Alemania no se queda de brazos cruzados mientras África enfrenta las duras repercusiones de la guerra que ha estallado en Oriente Próximo. Todo comenzó con un ataque sorpresivo de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero, y ahora nos toca a nosotros mirar hacia el continente africano, que está sufriendo las consecuencias más directas.
Un llamado urgente
Durante una reunión con Mahmud Alí Yusuf, presidente de la Comisión de la Unión Africana (UA), Merz subrayó cómo el cierre del estrecho de Ormuz y la destrucción en el golfo Pérsico están afectando gravemente al suministro y los precios del combustible y los fertilizantes. “Este impacto es más agudo en África”, dijo Merz, haciendo hincapié en nuestras “estrechas relaciones comerciales con Oriente Próximo”. Es hora de que Alemania y Europa se unan para apoyar a los países africanos hacia una mayor independencia económica y energética.
Aún más preocupante es la situación en Sudán, donde Merz expresó su respaldo a las iniciativas diplomáticas para lograr un alto al fuego. Más de 20 millones de sudaneses están lidiando con una escasez alarmante de alimentos; es realmente desgarrador ver cómo casi la mitad de su población vive esta crisis humanitaria sin precedentes. Mahmud Alí Yusuf también destacó que la UA está comprometida con un diálogo pacífico y agradeció el apoyo alemán para no desviar la atención del sufrimiento del pueblo sudanés mientras otros conflictos como los de Ucrania e Irán acaparan los titulares.

