Joan Lladó, el CEO de Anirà Bé Hotels, no se anda con rodeos. Su postura sobre el turismo en Balears es clara y contundente: «Mallorca necesita menos plazas turísticas». En una conversación sincera que no se escucha a menudo entre sus colegas hoteleros, Lladó pone sobre la mesa lo que muchos piensan pero pocos se atreven a decir.
Aunque valora positivamente el Pacto por la Sostenibilidad, su crítica es directa: «No podemos seguir dialogando si al final solo hay fotos y ninguna acción real». Para él, Mallorca ha caído en la trampa del crecimiento sostenible ilimitado, una contradicción que nos lleva a un callejón sin salida. «No necesitamos más diagnósticos, sino decisiones firmes», afirma con convicción.
La realidad del turismo y su impacto
Lladó es un hotelero diferente. No le basta con hablar de reducir plazas hoteleras; plantea un enfoque más amplio. Asegura que la masificación turística está ligada a la masificación demográfica, algo que no se puede ignorar. «Los turistas tampoco quieren más turistas», añade, subrayando cómo esta saturación afecta nuestra competitividad como destino.
No se trata solo de limitar las camas disponibles; también debemos poner freno a esa oferta complementaria que inunda nuestras calles: restaurantes saturados, tiendas de souvenirs cada metro y supermercados abiertos toda la noche. ¿Por qué no establecer licencias limitadas? Como ocurre con los taxis, sería un buen primer paso.
Lladó también toca un tema delicado: la inmigración. «Necesitamos revisar las ayudas que desincentivan la incorporación al mercado laboral», advierte. Reconoce que las regularizaciones migratorias pueden crear un efecto llamada que complica aún más problemas como la vivienda o la sanidad. Es como intentar vaciar una bañera mientras dejamos el grifo abierto.
No obstante, entiende las movilizaciones sociales. Pero deja claro: «El turista no es nuestro enemigo; son nuestros gobernantes quienes han confundido crecimiento con progreso». En su opinión, sobran plazas turísticas en Mallorca. Se atreve a decirlo siendo hotelero: «Debemos eliminar lo ilegal y facilitar la conversión de viejos establecimientos en viviendas». Estaría dispuesto incluso a participar en esa reducción siempre que haya seguridad jurídica y criterios claros.
The bottom line? El éxito turístico debería medirse por lo que genera económicamente, no por amontonar turistas como si fueran mercancías. También opina firmemente sobre prohibir el alquiler turístico en edificios plurifamiliares: “Soy partidario de prohibirlo totalmente”. Y así queda claro: algo tiene que cambiar para preservar nuestra esencia mallorquina.

