Eduardo Ruiz Sosa, un nombre que resuena con fuerza en el panorama literario, nos lleva de la mano a una realidad desgarradora. Este escritor mexicano, que ha hecho de Barcelona su hogar, acaba de presentar ‘El paisaje es un grito’, una novela que encapsula el desarraigo y la cruda verdad del norte de México. Nacido en Culiacán, un lugar marcado por la violencia y el narcotráfico, Eduardo relata cómo su vida y sus obras están intrínsecamente ligadas a ese entorno convulso.
Al hablar con él, se siente la pasión por su tierra natal y la tristeza que provoca saber que hay lugares donde las sombras parecen eternas. El estado de Sinaloa es considerado uno de los más peligrosos del país, lo cual no es solo un dato; es una herida abierta en la conciencia colectiva. En sus palabras, mirar esta realidad es como “ver el infierno sin filtro”. Sus personajes, entre ellos Baldor y una pareja indocumentada, atraviesan paisajes desolados llevando consigo historias llenas de dolor y lucha.
La lucha por contar su historia
Eduardo nos confiesa que dejó Culiacán a los 21 años tras haber estudiado ingeniería industrial. Su vida laboral comenzó en Tijuana, donde se vio atrapado entre trabajos brutales que poco tenían que ver con su verdadera pasión: escribir. A pesar de las circunstancias adversas y tras años viviendo sin papeles en España, Eduardo ha encontrado en la escritura una vía para expresar todo aquello que siente.
A través de sus novelas anteriores y ahora con esta última obra, intenta mostrar cómo cada rincón tiene su propia voz. “No se puede regresar al lugar del que uno se fue”, afirma contundente. Para él, regresar significaría enfrentar un mundo cambiado tanto como él mismo lo ha hecho durante todos estos años lejos del hogar.
En cada línea escrita hay ecos de experiencias vividas: recuerdos entrañables junto a sus tías ciegas o historias inquietantes sobre muertes en el camino hacia lo desconocido. La violencia ha transformado radicalmente todo lo que conocemos en México; eso no se puede ignorar. Sin embargo, también hay otras realidades allí presentes; otros relatos dignos de ser contados.
Con una pluma afilada pero cargada de sensibilidad, Ruiz Sosa logra retratar el paisaje emocional y físico del norte mexicano como pocos pueden hacerlo hoy día. En este sentido, sus libros son una forma honesta y profunda de reflexionar sobre una problemática compleja como es el narcotráfico. Desde aquí parece claro: su voz será siempre un eco del sufrimiento colectivo.

