En una noche que prometía ser tranquila, Ucrania ha vuelto a hacer ruido. Esta vez, las fuerzas ucranianas han decidido lanzar un ataque con drones contra una terminal de crudo en San Petersburgo y la base naval de Kronstadt. Así lo ha confirmado el propio presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, quien no se corta al afirmar que estos ataques son esenciales para debilitar la economía rusa.
Una respuesta contundente
El gobernador de San Petersburgo, Alexander Beglov, ha reconocido el impacto en la infraestructura del distrito de Kirovsky. Sin embargo, hasta el momento no hay reportes de heridos. Por otro lado, Rusia todavía no ha hecho declaraciones sobre lo ocurrido en Kronstadt. Zelenski aprovechó sus redes sociales para dejar claro que «las Fuerzas de Defensa de Ucrania han atacado instalaciones petroleras cruciales», golpeando donde más duele: el dinero que sostiene la guerra.
La noche fue intensa y las defensas rusas lograron derribar 72 drones en los alrededores de Leningrado. Pero eso no quita que los problemas crezcan; las refinerías y puertos vitales para el petróleo ruso están bajo fuego constante. Es preocupante ver cómo tras los recientes ataques ucranianos a estas infraestructuras se ha desatado una escasez generalizada de combustible en todo el país.
Y por si fuera poco, este asalto llega después de un mes agitado donde San Petersburgo ya había sentido la presión durante un ataque masivo a principios de junio, justo cuando Putin celebraba su foro económico anual. La escalada es evidente: 90% de las regiones rusas enfrentan problemas con el suministro de gasolina tras este aluvión militar.
A medida que avanzan los días, parece que cada movimiento cuenta en este tablero geopolítico lleno de tensión. Con ambos bandos en pie de guerra y cada acción siendo contestada con otra aún más fuerte, nos preguntamos: ¿hasta dónde llegarán?

