Laetitia Casta, una figura que siempre ha brillado por su belleza singular, se encuentra en un momento de transformación. A sus 48 años, la modelo francesa parece estar acercándose cada vez más a la imagen icónica de Catherine Deneuve, quien ya lleva 81 primaveras. En su reciente papel en Asesinato en la tercera planta, muchos no pueden evitar sentir que estamos ante un homenaje sutil a la gran dama del cine galo.
Un legado en construcción
A pesar de que Casta sigue llevando con orgullo su dentadura irregular, que recuerda al Moisés de Miguel Ángel, es innegable que ha dado un paso hacia adelante como actriz. Esta película le brinda la oportunidad de reivindicar su lugar en el mundo del cine, aunque con una carga estética que puede hacer dudar a algunos espectadores. Es curioso pensar que el personaje que interpreta podría haber sido suyo hace tres décadas a Deneuve.
Con cada plano y cada gesto, Laetitia evoca a Catherine, no solo apropiándose de su esencia actoral sino también de una estética cautivadora. Vivimos tiempos donde la imitación suele depender más de avances tecnológicos que del talento natural; sin embargo, aquí tenemos una fusión casi mágica entre estas dos divas. Pero cuidado, porque esa evolución hacia la ‘nueva Deneuve’ no siempre es pura admiración.
La cinta se presenta como un tributo irónico al maestro Alfred Hitchcock y nos transporta a un mundo donde el suspense se mezcla con humor agudo. Pero lo cierto es que los paralelismos entre las protagonistas son ineludibles: mientras Deneuve nos seducía con su gracejo y elegancia cinematográfica, Laetitia intenta encontrar su propio camino pero sin olvidar esa herencia tan pesada.
Pese a sus esfuerzos por mantenerse alejada de clichés y crear algo fresco y nuevo, hay momentos en los que el aire se siente pesado; sus interacciones recuerdan más al dúo Woody Allen-Diane Keaton que al clásico James Stewart-Grace Kelly. Y aquí surge una reflexión amarga: ¿acaso hemos perdido parte de esa magia única del cine francés?
En medio del glamour y las luces, hay detalles escondidos que podrían ser motivo para celebrar; como esa mención sutil al doctor Mateu Orfila en el guion. Un guiño a nuestro país natal del protagonista olvidado por muchos aquí pero recordado desde París. Así es como Laetitia avanza en esta travesía entre homenajes y referencias culturales; está claro que sigue buscando su voz propia mientras nos recuerda lo importante que es reconocer nuestras raíces.

