La iglesia de Saint-Jean-de-Montmartre, en el encantador barrio parisino de Montmartre, se convirtió en el escenario del último adiós a la querida actriz Nadia Farès. A los 57 años, tras un trágico accidente en una piscina que la mantuvo en coma, su partida dejó un vacío inmenso entre sus seres queridos y admiradores.
El ambiente estaba cargado de emoción y tristeza. Las dos hijas de Nadia, Shana y Cylia, estaban sentadas al frente, con lágrimas en los ojos. Cuando llegó su turno de hablar, las palabras fluyeron desde lo más profundo de sus corazones. Shana, con la voz entrecortada, reveló que sentía «el corazón roto», mientras que Cylia la recordó no solo como madre, sino también como su mejor amiga. En ese momento, el dolor fue palpable; cada lágrima derramada resonaba entre los presentes.
Un tributo a una estrella
Nadia Farès no era solo una actriz reconocida por su papel en ‘Los ríos de color púrpura’; era un símbolo del cine francés que había dejado huella con trabajos destacados tanto en Francia como en Estados Unidos. Su muerte causó conmoción nacional, haciendo eco en la memoria colectiva por su talento y carisma.
El funeral reunió a amigos y compañeros del medio artístico. Entre ellos se encontraban figuras reconocidas como Claude Lelouch, Gad Elmaleh, y François Berléand, quienes quisieron ofrecer apoyo a la familia en este difícil momento. Uno de los instantes más emotivos fue cuando Lelouch pidió a todos los asistentes que se pusieran de pie para rendirle homenaje con una ovación que llenó el espacio sagrado con aplausos sinceros. Aquella ovación transformó el luto del funeral en un sentido tributo colectivo.
Acompañada por flores blancas y rodeada por aquellos que compartieron su vida y carrera, Nadia recibió así el último aplauso. Un adiós sobrio pero profundamente conmovedor para una mujer cuyo legado perdurará eternamente en el cine francés.

