Carlos Alcaraz ha vuelto a demostrar que no conoce límites. Este domingo, en un ambiente vibrante y lleno de expectativas, el joven murciano se alzó con su vigésimo octavo título como profesional tras vencer a Alex de Miñaur en la final del ATP 500 de Viena. Con un contundente 6-1 y 6-4, Alcaraz dejó claro que, aunque la temporada avanza y se acercan desafíos como el Masters 1000 de París, él está más que preparado para lo que venga.
Un paso firme hacia la cima
Desde el inicio del partido, Carlitos mostró una intensidad arrolladora, rompiendo el servicio de su rival ya en el primer juego. En cuestión de minutos, el marcador reflejaba un prometedor 3-0. “Las finales están para ganarlas”, repite a menudo y esta vez lo llevó a cabo sin titubear. Ha tenido éxito en 28 de las 37 finales que ha disputado hasta ahora.
A pesar de los esfuerzos de De Miñaur por mantenerse en el encuentro –la actitud del australiano es digna de admirar– no pudo hacer frente al dominio total del español. En cada intercambio, la velocidad y precisión de Alcaraz eran abrumadoras; simplemente no había manera para Alex de encontrar su ritmo. La victoria es aún más significativa si consideramos que este es su segundo torneo bajo techo este año, algo crucial teniendo en cuenta los importantes torneos que se avecinan.
No sólo se trata del número: Carlos suma así su cuarto título esta temporada a pesar del tiempo fuera por una lesión en la muñeca derecha. Su racha imbatible en torneos 500 asciende ahora a 26-0. Cada victoria le acerca más a los grandes objetivos y también ayuda a otros españoles como Rafa Jódar, quien necesita ese empujón extra para estar entre los mejores.
Así pues, mientras otros luchan por mantenerse al día después de meses agotadores, Alcaraz parece tener energía suficiente para seguir adelante. No hay duda: está listo para conquistar París y dejar huella donde quiera que vaya.

