La afición del Mallorca, siempre tan apasionada y sufridora, está en un momento crítico. La llegada de la nueva camiseta ha desatado un torbellino de críticas, y no es para menos. ¿Dónde está Pablo Ortells? Su ausencia se siente en Son Moix mientras los seguidores esperan ansiosos por algún fichaje que devuelva la ilusión al equipo tras el doloroso descenso a Segunda División.
Una camiseta sin alma
Ayer, cuando se presentó la nueva camiseta, muchos la miraron con desdén. No hay forma de ocultarlo: no es bonita, el color bermellón brilla por su ausencia y no refleja la esencia del Mallorca ni su rica historia. Es como un catálogo de Fútbol Emotion, algo más que un simple trozo de tela. Aunque Sergi Darder y Manu Morlanes posen con ella, parece que nadie se siente representado.
El año pasado fue diferente; todos recordamos esa camiseta que encantó a todos cuando Rels B la lució en concierto. Ahora, cada vez que veamos esa prenda nos recordará el descenso y el dolor asociado. ¿Quién querría tenerla cerca? La realidad es que las camisetas solo son bonitas si los jugadores las hacen brillar sobre el césped. O quizás si conseguimos resultados positivos; porque vamos, si esta camiseta fuera sinónimo de ascenso seguro, ¿quién no querría llevarla?
No obstante, hay más preocupaciones entre los aficionados: el precio también juega en contra. Con 90 euros por una camiseta así, lo último que queremos es abrir otro conflicto en torno al club. La afición necesita más: quiere fichajes, sueños e ilusiones renovadas para volver a sentir esa emoción de estar en Primera.
Así que aquí estamos, esperando a ver qué sucede esta temporada. Quizá pronto podamos decir que la nueva camiseta del Mallorca es bonita… pero eso dependerá de los resultados y del espíritu luchador de nuestro equipo.

