Fue un viaje largo, de esos que dejan huella. 20 horas desde el amanecer hasta la desilusión nocturna. Los aficionados del RCD Mallorca llegaron a Valencia con el corazón lleno de esperanza, pero esa ilusión se desvaneció rápidamente tras una dura derrota contra el Levante que les deja al borde de la Segunda División. Ramón Castañer, abonado desde 2008, no oculta su decepción: «No estoy enfadado ni triste, sino decepcionado con los jugadores».
Un regreso lleno de melancolía
Algunos seguidores comenzaron a abandonar el estadio antes incluso de que sonara el pitido final. ¿La razón? La certeza de que su equipo no estaba luchando como debía. Con la cabeza baja y sin palabras, empezaron a llegar al aeropuerto en busca de un rincón donde sentarse y reflexionar sobre lo ocurrido. Algunos se pararon en el Burger King para intentar tragar su frustración, mientras otros preferían consolarse con unos Donettes de las máquinas expendedoras.
Alejandro, otro aficionado fiel desde niño, comparte su pesar: «Tristeza es la palabra que siento». Su amigo Toni añade: «Es decepción total; teníamos otras expectativas y ver al equipo así nos deja helados». Y no es para menos. Hay voces críticas que apuntan a jugadores clave como Mojica: «No puede salir así al campo sin ganas de salvarse», comentan entre susurros.
Casi resignados a un destino incierto, algunos admiten abiertamente que necesitarían un milagro para evitar el descenso: «Nos tiene que besar un santo», dicen sin apenas fe en lo que está por venir.
En medio del desencanto generalizado, Ramón expresa lo que muchos piensan: «Esperaba más de Darder, Muriqi y Samu Costa; ellos son los capitanes y deberían liderar en estos momentos difíciles». Para él, este podría ser su cuarto descenso… Y cada uno duele más que el anterior.
Malena lleva 30 años siendo abonada y tiene claro lo que ha visto en este último partido: «Tenemos lo que nos merecemos. No hemos hecho méritos suficientes para quedarnos en Primera», sentencia con una sinceridad desgarradora.

