El fútbol tiene esas cosas, ¿verdad? Ángel Manuel Vivar Dorado, ese nombre que resuena en los corazones de los aficionados del Leganés, ha dado un giro inesperado en su carrera. Ahora, como entrenador del RSD Alcalá, se enfrenta al apasionante reto de llevar a su equipo lo más lejos posible. Tras una temporada que dejó un sabor agridulce por la última jornada, donde la clasificación para los ‘playoffs’ se escurrió entre sus dedos, Vivar reflexiona sobre lo vivido.
La decepción y la ambición
“Decepción”, dice con sinceridad. Y no es para menos; después de una temporada donde el equipo mostró un crecimiento notable y cerró con broche de oro, ver cómo el sueño se desvanecía en el último momento duele. Pero también hay un aire de esperanza: “Hemos hecho muy buena temporada”, repite como mantra. Y eso es lo que cuenta.
A medida que mira hacia adelante, su ambición brilla. El Alcalá quiere seguir creciendo y asentarse firmemente en la categoría. Sin embargo, sabe que siempre hay cambios: “Es parte del juego”, reconoce con resignación. La inestabilidad parece ser el pan de cada día en este mundo del fútbol.
Aunque no todo está perdido; él sabe bien que la clave está en el apoyo del club. “Un entrenador necesita respaldo y autoridad”, afirma rotundamente. Sin esa base sólida desde las altas instancias del club, cualquier proyecto se convierte en una quimera difícil de alcanzar.
Parece claro que esta fórmula se le ha escapado al Real Madrid esta temporada; Vivar no duda en señalarlo: “No hubo ese apoyo fundamental”. En este juego tan emocional como físico, la relación entre directiva y cuerpo técnico puede marcar la diferencia entre triunfar o caer en desgracia.
Mientras tanto, mira hacia adelante con determinación. Su objetivo no es solo ascender por ascender; busca dejar una huella imborrable donde esté. Con dos años ya al mando en categorías séniores, siente que está preparado para cualquier reto que venga… siempre con esa pasión arrolladora por el fútbol que nunca le abandonará.

