El Gran Premio de Hungría no ha sido el escenario ideal para Carlos Sainz. Aterrizó en Budapest con la esperanza de dar un golpe sobre la mesa, pero terminó en el puesto 18, y no precisamente por falta de esfuerzo. «La primera mitad de la temporada es mala, muy mala», sentenciaba sin tapujos. Y no es para menos, porque además de las complicaciones del coche, el piloto español recibió una penalización de cinco segundos tras un roce con Piastri mientras era doblado.
Un día lleno de contratiempos
Las cosas no pintaron bien desde el principio. Sainz se quejó abiertamente del mal funcionamiento del sistema de notificaciones sobre banderas azules: «Había muchos problemas porque el volante normalmente me avisa y hoy no lo hizo». En medio de la carrera, luchando por posiciones con Fernando Alonso, se encontró inesperadamente con un McLaren que le costó valiosos segundos.
A pesar del revés y un pit-stop discutible a 13 vueltas del final, donde su equipo decidió parar cuando él iba cómodo delante de otros pilotos, Sainz rescató algunas notas positivas. Reconoció que la nueva ala delantera presentada en Silverstone había ayudado algo, aunque también fue claro: «El problema no es solo el ala; es todo el coche que carece de carga aerodinámica».
Al mirar hacia atrás y evaluar los primeros compases del año, su análisis fue directo: «Decepcionante y muy por debajo de nuestras expectativas como equipo». Sin embargo, también dejó entrever una chispa de optimismo al mencionar a competidores como McLaren y Aston Martin que han sabido aprender y adaptarse a nuevas normativas.
Carlos concluyó hablando sobre su futuro con Williams. Con incertidumbre en sus palabras pero firmeza en su mirada, aseguró: «El plan es decidirlo con calma». En definitiva, un día complicado pero lleno de enseñanzas en una temporada que aún puede dar giros inesperados si logran hacer las correcciones necesarias.

