En el corazón de Girona, Míchel se presentó ante los medios con una energía palpable. El entrenador sabe que este no es un encuentro cualquiera; se trata de una auténtica final contra el Elche y su discurso reflejaba esa urgencia. “Estamos preparados”, decía con convicción, mientras repasaba el estado de sus jugadores en una sala de prensa que parecía estar al borde del estallido.
La plantilla en pie de guerra
Desafortunadamente, el equipo no está completo. Lesiones como las de Ter Stegen y Vanat son un duro golpe, al igual que la ausencia sin dorsal de Portu y Juan Carlos. Sin embargo, Míchel se aferra a los que sí están disponibles: Lemar, Hugo Rincón y Abel Ruiz son parte del plan. Además, la esperanza recae sobre Stuani y Francés, quienes a pesar de sus molestias físicas están listos para dejarlo todo en el campo.
Míchel enfatiza que no hay lugar para pensar en otra cosa que no sea ganar: “No he jugado un partido que no fuera para eso”, asegura con determinación. La afición tiene un papel crucial; él les pide apoyo incondicional porque sabe que juntos pueden hacer historia. “Jugamos una final en nuestra casa y con nuestra gente”, repite como un mantra.
A medida que va desglosando su estrategia, queda claro que su equipo cuenta con la calidad y la experiencia necesarias para enfrentar lo inesperado. Cada jugador conoce su rol y Míchel confía plenamente en ellos. “Todos hemos recibido mensajes motivadores porque somos conscientes de lo que nos jugamos”, señala.
El técnico también resalta la importancia del enfoque mental: “Debemos jugar a fútbol”. Él cree firmemente que cada acción cuenta durante esos 90 minutos intensos donde nada puede darse por sentado.
Concluye recordando lo significativo del momento: este partido es más grande que cualquier otro vivido hasta ahora. Con fe renovada en su equipo y el apoyo irrefrenable de los aficionados, Míchel está listo para luchar por ese triunfo tan ansiado.

