En el mundo del fútbol, y más aún en el de nuestras chicas, la presión de ganar siempre puede ser abrumadora. La selección española se enfrentó a Inglaterra en un partido cargado de historia y rivalidad, pero esta vez se volvió con las manos vacías. Aunque algunos podrían pensar que esto es un desastre, yo les diría: no hay motivo para alarmarse. Las derrotas también son parte del camino.
Un comienzo complicado
Jugar en Wembley siempre trae consigo un aura especial, casi mágica. Desde el pitido inicial, esa sensación de incertidumbre te envuelve; y si a eso le sumamos que Inglaterra marcó en su primera jugada gracias a un error milimétrico… Bueno, ya sabemos cómo condiciona eso un partido. España mereció al menos empatar, pero claro, con este arranque tan desafortunado, todo se complica.
No es fácil salir perdiendo desde el primer minuto. Inglaterra supo encerrarse y frenar el juego dinámico de nuestras jugadoras más creativas como Mariona y Alexia. Todo lo que tenemos que ofrecer se ve mermado cuando no podemos conectar.
A veces me pregunto si nuestra selección ha olvidado la importancia de la profundidad en sus jugadas. Si Olga y Ona no están en sus mejores posiciones como extremos, nos falta ese golpe de profundidad que nos da tanto juego por dentro. Necesitamos esas incursiones rápidas para generar espacios donde brille nuestro talento.
Y hablemos de Patri Guijarro: ¡qué jugadora! Es una auténtica pesadilla para los rivales; si la presionan se las ingenia para salir airosa y si le dan espacio… prepárense porque sabe perfectamente qué hacer con el balón.
Cambiando de tema, cuando Esther dejó el campo por Salma Paralluelo hubo algo diferente en el aire. Salma aporta velocidad y desborde pero Edna realmente podría haber hecho más al entrar al juego. Ella genera mucho más peligro desde la delantera; es increíble cómo su salida notoriamente mejoró al equipo.
Sonia Bermúdez tiene una habilidad innata para ajustar tácticas sobre la marcha; aunque no ganemos siempre está ahí intentando ayudar a cada paso del camino. Su capacidad para mover las piezas del equipo es invaluable y aún cuando no salimos victoriosas, ella hace todo lo posible por contribuir.
Pese a todo esto, entiendo esa pizca de envidia que sentimos al ver jugar a las inglesas ante su público. Pero debemos recordar lo positivo: nosotros también hemos tenido momentos mágicos recientemente en nuestro Metropolitano. Cada liga tiene sus altibajos; mientras ellos luchan por mantener su estatus actual, nosotras estamos construyendo algo sostenible poco a poco.

