Hoy, mientras la selección española se concentra en Las Rozas para afrontar nuevos retos, los ecos del pasado resuenan con fuerza. Nos transportamos a 2010, un año que marcó un antes y un después en nuestra historia futbolística. En aquel entonces, el doctor Juan José Cota estaba al mando de la salud de los jugadores y, como él mismo relata, hubo momentos complicados. «Torres fue el más peliagudo», confiesa.
Los fantasmas del pasado
Imagina la escena: Andrés Iniesta, Cesc Fábregas y Fernando Torres, tres íconos de nuestro fútbol, llegaban al Mundial con heridas abiertas. A diferencia de Cesc, que ya había lidiado con una fisura en su peroné pero no generaba tantas dudas, Andrés venía arrastrando problemas musculares desde hacía tiempo. La preocupación era palpable; cada paso que daba lo hacía temeroso de una nueva recaída.
Pero el caso más complejo era sin duda el de El Niño. Con dos cirugías a cuestas y una recuperación exprés justo antes del torneo, su situación mantenía a todos en vilo. “Le operamos contrarreloj en Barcelona”, recuerda Cota. La presión aumentaba cuando Vicente del Bosque le preguntaba si podía contar con él. El corazón y la razón se entrelazaban: «No podía dejar de premiar el trabajo que había hecho Fernando», admite.
A pesar de las dudas iniciales, Torres demostró ser más fuerte que cualquier obstáculo. Su dedicación fue admirable; entrenó como un auténtico gladiador y logró estar presente en momentos clave del torneo. Sí, sabía que no estaba al 100%, pero también era consciente de lo mucho que podía aportar al equipo.
Aquel Mundial nos trajo emociones a raudales y la victoria final fue solo una parte del sacrificio detrás de cada jugador. Y hoy recordamos esas historias para seguir soñando con nuevos triunfos.

