MADRID, 7 Abr. – António Guterres, el secretario general de Naciones Unidas, ha lanzado un fuerte mensaje este martes que no podemos ignorar: «no hay objetivo militar que pueda justificar la destrucción total» de las infraestructuras civiles ni el daño intencionado a la población en Irán. Este comentario llega tras las recientes y alarmantes afirmaciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien afirmó que podría haber consecuencias devastadoras para «toda una civilización».
La voz de la razón en medio del caos
Su portavoz, Stéphane Dujarric, dejó claro en una rueda de prensa que Guterres está profundamente preocupado por estas declaraciones. Dujarric enfatizó que «la destrucción de infraestructura civil y los ataques contra civiles son violaciones graves del Derecho Internacional». Esta no es solo una cuestión legal; se trata de vidas humanas y realidades desgarradoras que podrían desatarse si las amenazas se llevan a cabo.
Y es que Guterres no se detiene ahí. Él mismo ha hecho un llamado urgente para intensificar los esfuerzos diplomáticos y encontrar soluciones pacíficas al conflicto en Oriente Próximo. La idea es simple pero poderosa: los conflictos terminan cuando los líderes deciden dialogar en lugar de recurrir a la destrucción.
Aparte, también ha solicitado restablecer inmediatamente la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, argumentando con vehemencia que «los más pobres y vulnerables del mundo no pueden respirar si el estrecho está bloqueado». Estas palabras resuenan con fuerza mientras observamos cómo las tensiones aumentan entre potencias globales.
Este contexto cobra aún más relevancia tras el ominoso aviso lanzado por Trump sobre la posible muerte de «toda una civilización», justo antes del vencimiento de su ultimátum a Irán. Sus palabras son inquietantes: «No quiero que eso pase, pero probablemente lo hará». En medio de esta tempestad política e histórica, queda claro que cada decisión cuenta; así que esperemos que prevalezca la razón antes que el caos.

