En Palma, la situación es alarmante. Cada día, los ciudadanos tienen que sortear boquetes, grietas y baldosas levantadas que han convertido el simple acto de caminar en una auténtica odisea. Una vecina, que prefiere permanecer en el anonimato, no puede más y denuncia lo evidente: el pavimento está hecho un desastre. «Calles como El Borne o Jaime III parecen pistas de patinaje», advierte con preocupación. Y es que el peligro acecha a cada paso.
El impacto en nuestra forma de vestir
Caminando por estas aceras destrozadas, se ha vuelto casi imposible mantener el estilo: los tacones ya no son opción. Esta residente comenta que este abandono del mantenimiento ha dejado sus zapatos hechos polvo, y no es un caso aislado. En Pere Garau, Son Oliva y Son Serra ya han saltado las alarmas por su mal estado; ¡imagínense! En solo un barrio se registraron 110 incidencias sobre este tema.
Nieves, quien trabaja en la tienda Cienpiés, confirma lo que todos vemos: «La gente va en deportivas porque las calles están hechas un desastre». Cada vez más clientas le cuentan historias de caídas inesperadas debido al mal estado del pavimento. Buscan calzado cómodo y antideslizante como si fuera oro en paño.
Flavia Almirón también tiene algo que decir. Con tres años a sus espaldas vendiendo zapatos en Fancy, chic & comfy shoes, ha notado un cambio radical: «Antes las mujeres se ponían tacones para salir; ahora buscan algo casual». La comodidad ha ganado la batalla al glamour.
Pero no acaba ahí. Fernando Ferreiro, zapatero artesano con más de 45 años de experiencia, nos revela la cruda realidad: recibe unos 20 pares al día para reparar porque las calles han destrozado las tapas y suelas de muchos zapatos. Este trabajo artesanal está desapareciendo poco a poco ante la falta de atención a nuestras calles.

