En una charla distendida y llena de anécdotas, Santi Cazorla se sienta a repasar su carrera y la actualidad del fútbol. Este asturiano ha logrado cumplir un sueño: jugar con el Real Oviedo en la máxima categoría. Aunque la temporada no está siendo fácil, ya que el equipo ocupa el último lugar de la tabla, él mantiene una actitud optimista y reflexiona sobre lo que queda por venir.
Una carrera llena de recuerdos
Cazorla recuerda cómo desde joven soñaba con volver a su club. “Desde que me fui con 17 años tenía claro que mi objetivo era jugar aquí, en casa”, dice con nostalgia. Y aunque reconoce que las ofertas económicas son atractivas —como su experiencia en Qatar— no cambiaría su final de carrera por nada del mundo. “Lo más bonito ha sido el ascenso, sentirlo aquí con mi gente”, añade con una sonrisa.
Sin embargo, no todo ha sido un camino de rosas. El jugador confiesa tener una espina clavada: “No poder ir al Mundial por culpa de una lesión fue muy duro”. Pero ahora mira hacia adelante y se siente afortunado.
A medida que avanza la conversación, Cazorla destaca a uno de los jóvenes talentos del fútbol español: Pedri. “Es uno de los mejores del mundo a su edad”, afirma sin dudar. Su conexión con el juego es palpable; cuando Pedri no está en el campo, se nota la diferencia. Pero lo que realmente resalta Cazorla es su humildad: “Cuanto más normal es uno, mejor futbolista es”. Un mantra que refleja cómo él mismo ha vivido su trayectoria.
A pesar de las dificultades actuales del Oviedo, Santi no pierde la fe: “Mientras las matemáticas lo permitan, hay que pelear hasta el final”. Con esa determinación y un espíritu luchador propio del equipo, este veterano sigue dejando huella tanto dentro como fuera del terreno de juego.

